"AMADO, YO DESEO QUE TU SEAS PROSPERADO EN TODAS LAS COSAS Y QUE TENGAS SALUD, ASI COMO PROSPERA TU ALMA" 3JN. 2

Así Murió Jesús



Más allá de la importancia que para la humanidad representa la vida de Jesús, resulta interesante considerar algunos aspectos de su agónica muerte que reflejan su completa humanidad, sin dejar de un lado su divinidad.

A continuación un fragmento del libro Historia Clínica, de Daniel López Rosetti

La Muerte de Jesús

Jesús, luego de los días de detención, es sometido al suplicio de los latigazos y la corona de espinas. Su condición clínica ya era crítica. Sin embargo, lo peor sucedió ese viernes a las nueve de la mañana, cuando lo crucificaron.

La condición clínica de una persona crucificada es cardiovascularmente comprometida. Por un lado, el intenso dolor del suplicio y la crucifixión producen disminución refleja de la presión arterial. A su vez, la pérdida de sangre por las lesiones de los latigazos, las espinas y el trauma de los clavos en ambas muñecas y pies condiciona también una disminución de la presión arterial por hemorragia. El corazón presenta un incremento en los latidos. Esta taquicardia busca compensar la disminución de la presión arterial. Este cuadro de hemorragia, disminución de la presión arterial y taquicardia condiciona el llamado “shock hemorrágico”. Se trata de una insuficiencia circulatoria donde la llegada de sangre oxigenada a los distintos órganos y tejidos se encuentra muy comprometida. De tal modo, los órganos nobles —tales como el cerebro, los riñones, el hígado y el propio corazón— reciben poca sangre y en consecuencia poco oxígeno, con lo cual se dificulta su funcionamiento. Este “shock hemorrágico” se asocia también a un “shock neurogénico”. En este último, los vasos sanguíneos, principalmente las arterias, se dilatan por un fenómeno nervioso reflejo provocado por el intenso dolor de la crucifixión.

Como consecuencia directa, la presión arterial baja. En este estado de colapso cardiovascular la piel se encuentra pálida, fría y sudorosa. La disminución de la presión arterial impide que los riñones funcionen correctamente, por lo que pierden su capacidad para filtrar la sangre produciendo una insuficiencia renal aguda. Como consecuencia, se acumulan sustancias tóxicas en la sangre. El shock circulatorio, asociado a la acumulación de sustancias tóxicas en la sangre, produce alteraciones neurológicas con modificación del estado de la conciencia (estupor, mareos y adormecimiento). A todo esto, el esfuerzo por respirar es intenso y dificultoso. Jesús debía “literalmente” pararse sobre el clavo de sus pies para poder respirar. La frecuencia respiratoria normal es de 12 a 14 respiraciones por minuto. Jesús, a esta altura de la condición clínica, debía respirar 30 o 40 veces por minuto en un intento por compensar la falta de aire y la insuficiencia circulatoria. Los movimientos respiratorios eran rápidos pero muy superficiales.

Claramente la respiración era insuficiente. Como resultado, la cantidad de oxígeno en sangre era baja y como contrapartida aumentaba la concentración de anhídrido carbónico (CO2). Esta acumulación de CO2 es muy tóxica y da un color azul-violáceo a los labios y a los extremos de los dedos. La entrada de aire a los pulmones era cada vez más dificultosa hasta hacerse mínima. A esta altura también se presentaban problemas metabólicos. La acumulación de anhídrido carbónico y la insuficiencia renal y respiratoria terminan por producir “acidosis metabólica” (acumulación de ácido en la sangre).

La acumulación de la hemorragia, el colapso circulatorio y neurogénico, la disminución de la presión arterial, la insuficiencia renal aguda, la acidosis metabólica y, en última instancia, la asfixia por falta de oxigenación de la sangre y la incapacidad de eliminación del anhídrido carbónico de la insuficiencia respiratoria, termina en arritmias cardíacas severas, que condicionan el paro cardiorrespiratorio.

Así murió Jesús hace más de 2.000 años, a las tres de la tarde de un viernes.

Certificado de defunción

  • Paciente. Jesús
  • Sexo: Masculino
  • Edad: 33 años
  • Lugar de fallecimiento: Jerusalén
  • Año: 010
  • Día: viernes
  • Hora: 3 de la tarde
  • Motivo del fallecimiento: Paro cardiorrespiratorio traumático
  • Causa: Asfixia por crucifixión

Aquel día comenzó un nuevo calendario para la historia universal, un antes y un después de Cristo. Para los creyentes también comenzó una era de fe.

¿Leche Materna o leche de vaca?

La leche de vaca contiene más proteína que la humana 3,3 y 1,5% respectivamente, lo que responde a las necesidades de cada especie. La leche humana es más digerible para el niño; la caseína que es seis veces mayor en la leche de vaca, forma en el estómago del recién nacido un coagulo de difícil digestión; en cambio, la caseina de la leche humana tiene la propiedad de formar micelas pequeñas fáciles de digerir.
El tiempo de vaciamiento es más rápido con la leche humana, el tamaño del cuajo de la leche de vaca se puede reducir al ebullirse, el cuajo de la leche humana es fino y se fragmenta con facilidad en el estómago.
Dar al niño leche de vaca sin diluir resultara una carga demasiado elevada de nitrógeno para los riñones. La osmolaridad de la leche de vaca es significativamente mayor que la de la leche materna, lo cual genera una mayor carga de solutos.
En carbohidratos, los azucares difieren en cantidad: 6,5 a 7,1% la leche de la mujer y 4,5% la leche de vaca. Ambas contienen lactosa.
La grasa es casi la mitad del contenido energético de la leche humana. La cantidad de grasa en la mujer varía de alguna forma con la dieta. El contenido de grasa, al final de cada tetada, es más elevado y contribuye a que el niño quede saciado al terminar la toma.
La leche de vaca varía según la raza del ganado. No obstante, la mayoría de estas leches se encuentran mezcladas y contienen niveles en promedios de 3,25 a 4%. La grasa de ambas leches esta constituida fundamentalmente por triglicéridos de los ácido oléico y palmítico.
En relación con las vitaminas, ambas tienen cantidades altas de vitamina A. Las vitaminas C y D son pobres en la leche de vaca. Esta leche contiene mayor cantidad de tiamina y rivoflavina, con respecto a la leche humana. La alimentación natural tiene las vitaminas suficientes para los requerimientos del niño.
El contenido de hierro es poco en la leche humana y mucho menos en la de vaca. Los lactantes alimentados al seno materno absorben hasta el 49 % del hierro, cifra alta comparativamente con el 10% que se absorbe de la leche de vaca y del 4% de las fórmulas maternizadas.
El zinc presente en la leche materna tiene un índice de absorción del 42%, mayor que el de las fórmulas maternizadas que es del 31% y que el de la leche de vaca que es 28%.
El fluor, que se asocia con una disminución de los procesos de caries dentales, en la leche humana tiene niveles menores (0.025mg/L) que en la leche de vaca (0.3 a 0.1mg/L). La absorción es mayor en la leche humana.
La leche de vaca contiene concentraciones mucho más altas de calcio y fosfatos. El fosfato se combina con el calcio y el magnesio y evita que se absorban. La relación calcio-fosforo en la leche humana es de 2 a 1, lo que favorece la absorción del primero. Las cantidades relativas de agua y sólidos en ambas leches son aproximadamente iguales. Se ha demostrado que los niños sanos alimentados exclusivamente al pecho, no necesitan agua extra y su orina es diluida. La leche humana presenta bajo contenido de sales-sodio, potasio, cloruro; su absorción es suficiente para sostener el crecimiento normal del niño. La leche de vaca tiene mucha más sal que la leche humana. El lactante necesita agua para excretarla.
Se pudiera pensar que al analizar cuantitativamente ambas leches se considere que la leche de vaca es más nutritiva. Pero si comparamos le leche materna con las necesidades de los humanos, sin dudas, la alimentación natural es la ideal para el niño.

Tomado de:
Leche materna vs leche de vaca, en Temas de Medicina General Integral Volumen I, pág 112. Ed. ECIMED, La Habana, 2001