"AMADO, YO DESEO QUE TU SEAS PROSPERADO EN TODAS LAS COSAS Y QUE TENGAS SALUD, ASI COMO PROSPERA TU ALMA" 3JN. 2

Las Grasas en la Alimentación

Los tipos de lípidos o grasas de la dieta son los ácidos grasos saturados y los ácidos grasos insaturados: monoinsaturados y poliinsaturados.

Ácidos grasos saturados
Los ácidos grasos saturados en la dieta se encuentran principalmente en productos animales y de productos de cocina procesada industrial. Dietéticamente son consideradas grasas “malas” ya que son responsables de la aparición de numerosas enfermedades.

Ácidos grasos poliinsaturados
Los conocidos como ácidos grasos omega-6 y omega-3 son los principales componentes
de los ácidos grasos poliinsaturados, representados por el ácido linoleico (omega-6), que se encuentra en los aceites vegetales, y los ácidos eicosapentanoico (AEP) y docosahexaenoico (DHA) (omega-3), que se encuentran en el pescado. Dietéticamente son consideradas grasas “buenas” ya que ejercen un control sobre el colesterol y las enfermedades del corazón.

Las grasas monoinsaturadas las encuentras en aceite de oliva, aceite de cacahuete o aceite de canola, frutas secas como almendras, avellanas y cacahuetes, además de aguacates y aceitunas.

Los hábitos dietéticos de las sociedades desarrolladas han evolucionado hacia patrones de alimentación con una mayor presencia de grasa animal, en detrimento de los hidratos de carbono y la fibra de origen vegetal. El cambio de patrón alimentario, junto con una disminución de la actividad física, se han relacionado con un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas como obesidad, algunos tipos de cáncer, diabetes tipo 2, caries dental, osteoporosis y enfermedades vasculares.

Recomendaciones
• Consumir alimentos que sean naturalmente bajos en grasa, como los granos enteros, las frutas y las verduras.
• Obtener mucha fibra soluble, como avenas, salvado, arvejas secas, legumbres, cereales y arroz.
• Restringir los alimentos fritos y los alimentos horneados preparados comercialmente (rosquitas fritas, bizcochos, galletas).
• Limitar el consumo de productos animales, como las yemas de los huevos, los quesos, la leche entera, la crema de leche, el helado y las carnes.
• Mirar las etiquetas de los alimentos, especialmente el nivel de grasa saturada, al igual que evitar o limitar los alimentos con niveles altos de grasa saturada.
• Buscar en las etiquetas de los alimentos palabras como "hidrogenada" o "parcialmente hidrogenada". Estos alimentos están cargados de grasas dañinas y se deben evitar.
• El aceite vegetal líquido, las margarinas suaves y las margarinas libres de ácidos trans grasos son preferibles a la mantequilla, la margarina en barra o la grasa para pastelería.

Mas allá de toda esta evidencia científica, resulta sorprendente cómo muchísimos años atrás, nuestro Dios todopoderoso dejaba una recomendación: “Estatuto perpetuo será por vuestras edades, dondequiera que habitéis, que ninguna grasa ni ninguna sangre comeréis” Levítico 3:17. No se registran argumentos bíblicos a favor de esta recomendación más allá de su origen divino. Pero en la actualidad, sigue siendo válida, dadas las bien documentadas nefastas consecuencias que para la salud tiene el consumo de grasas de origen animal. Esta advertencia Divina, enmarcada con un sello de “estatuto perpetuo” debe ser tenida en cuenta hoy más que nunca.

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