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Un vistazo a la Rinitis Alérgica

La rinitis alérgica es una enfermedad sintomática, mediada por anticuerpos del tipo IgE, causada por la exposición a alérgenos e inducida por la liberación de histamina, y otros mediadores inflamatorios como respuesta a éstos (fase temprana), seguido por la liberación de quimiocinas y citocinas que actúan reclutando células inflamatorias que perpetúan el proceso inflamatorio (fase tardía). Se caracteriza por episodios de congestión nasal, rinorrea, estornudos y prurito nasal que se puede acompañar de sintomatología ocular como prurito, lagrimeo y enrojecimiento de la conjuntiva.

Clasificación. La iniciativa ARIA (ALLERGIC RHINITIS AND ITS IMPACT ON ASTHMA INICIATIVE: Iniciativa para el manejo de la rinitis alérgica y su impacto sobre el asma), clasifica la rinitis alérgica en la actualidad de la siguiente manera:

Intermitente: cuando los síntomas están presentes
< 4 días a la semana o
< 4 semanas consecutivas
Persistente: cuando los síntomas están presentes
> 4 días a la semana o
>4 semanas consecutivas
A su vez debe clasificarse como:
Leve, todo lo siguiente:
- Sueño normal
- Actividades diarias deportivas, de ocio normales
- Trabajo y actividad escolar normales
- No existen síntomas molestos
Moderada-severa, al menos uno de los siguientes:
- Sueño anormal
- Interferencia en las actividades diarias deportivas, de ocio
- Interferencia en el trabajo o en la escuela
- Síntomas molestos
Los parámetros considerados para esta clasificación son síntomas, calidad de vida, duración y gravedad. Corresponde al médico el diagnóstico teniendo en cuanta los antecedentes, el cuadro clínico y la realización de exámenes complementarios.

Tratamiento. Se basa en la consideración de tres aspectos: Medidas higiénicas y dietéticas, medicamentos e inmunoterapia.
Medidas higiénicas y dietéticas: el principio fundamental es evitar elementos potencialmente productores de alergia como el polvo, contacto con perros, gatos u otros animales domésticos, lavar sabanas, cobijas con agua caliente (55°C), como mínimo 1 vez por semana, uso de almohadas y colchones a prueba de ácaros, higiene adecuada en el hogar tendiente a la eliminación de humedad, cucarachas, no uso de alfombras o muñecos de peluche. Las medidas dietéticas hacen referencia a evitar alimentos artificiales que utilizan sustancias químicas para su preparación o preservación y los lácteos.
Medicamentos: existe una amplia gamma de medicamentos como los antihistamínicos, sobre todo los de segunda generación y corticoides inhalados en los que se basa el tratamiento primordialmente.
Inmunoterapia: El alergólogo intenta por medio de este tratamiento, conocido como “Vacunas de Alergia”, disminuir la sensibilidad del paciente a los alergenos a fin que exista una mejoría en sus síntomas y un menor empleo, a largo plazo, de medicamentos. La Inmunoterapia ha sido aprobada y recomendada por la Organización Mundial de la Salud.

Hacia una comprensión de la obesidad

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Para su identificación comúnmente se utiliza el índice de masa corporal definido como el peso en kilogramos dividido entre, la estatura en metros elevada al cuadrado. Teniendo en cuenta este valor, se considera obesidad un índice de masa corporal mayor o igual a 30, mientras que se considera sobrepeso uno mayor o igual a 25. En la actualidad diversos estudios han demostrado la conveniencia de realizar adicionalmente, medición de la grasa corporal total y su distribución, para lograr una determinación del riesgo del desarrollo de enfermedad cardiovascular asociado a obesidad. Es así como surge otra medición importante como lo es la circunferencia abdominal, entendida como el perímetro de la pared abdominal medida a nivel del ombligo, que para nuestra población se considera alterada en hombres si es mayor a 90cm y en mujeres mayor a 80cm.

La obesidad en la actualidad es considerada un problema de salud mundial. Los últimos cálculos de la OMS indican que en 2008 había en todo el mundo aproximadamente 1500 millones de adultos (mayores de 20 años) con sobrepeso, más de 300 millones de mujeres y unos 200 millones de hombres obesos. Además, se calcula que en 2015 habrá aproximadamente 2300 millones de adultos con sobrepeso y más de 700 millones con obesidad.

Con respecto a la relación entre obesidad y enfermedades cardiovasculares, se considera que junto con el sobrepeso, es el factor de riesgo más común en pacientes que han sufrido un infarto de miocardio; causa hipertensión, dislipidemia, diabetes mellitus tipo 2, reflujo gastroesofágico, hígado graso no alcoholico, etc.

Se han invocado diversos mecanismos involucrados en la relación entre enfermedad cardiovascular y obesidad. Uno de ellos hace referencia a la leptina, una hormona importante en la inducción de la saciedad. Se infiere que la leptina inhibe la vía orexigénica y estimula la anorexigénica. La leptina también interactúa con otras poblaciones de células reguladoras del apetito, como las neuronas que producen endocanabinoides, hormona concentradora de la melatonina y orexinas. Las neuronas de las vías orexigénica y anorexigénica inervan varios centros del hipotálamo y del tallo cerebral, de modo que dan origen a las complejas señales integradoras responsables del comportamiento alimentario del individuo. Algunos individuos obesos, aunque presentan un alto nivel de leptina desarrollan de forma simultánea una resistencia a la misma lo cual no permite su acción. La leptina tiene múltiples acciones, entre ellas posibles efectos en el aumento de la actividad nerviosa simpática, que potencia la trombosis y aumenta la presión arterial y la frecuencia cardiaca.

Otro aspecto importante es que en individuos obesos se ha observado un aumento del depósito de grasa que rodea el corazón (tejido adiposo subepicárdico). Estudios en cadáveres demostraron que placas ateroscleróticas, que causan obstrucción al flujo sanguíneo arterial coronario, son más prominentes en los vasos sanguíneos en contacto con los depósitos de grasa.

El tratamiento de la obesidad se centra en las modificaciones de la dieta y el incremento de la actividad física. En general disminuir el consumo de grasas de origen animal, azúcares, aumentar la ingesta de frutos secos, legumbres, frutas, ensaladas. En cuanto a la actividad física, se recomienda realizar aproximadamente 30 minutos, la mayor cantidad de días de la semana, que bien pueden ser distribuidos en sesiones de 10 minutos en el transcurso del día. Una de las actividades que esta al alcance de la mayoría de personas es caminar. Si las condiciones físicas lo permiten una buena manera de empezar consiste en caminar-trotar-caminar, en sesiones de 10 minutos para cada actividad, completando así el tiempo de ejercicio recomendado.

Queda sobre la mesa una importante reflexión, sobre cuál debería ser el papel de la industria alimentaria. Productos con menos azucares, grasas, mayor información nutricional y estrategias publicitarias cuya finalidad sea el concientizar al consumidor sobre los beneficios de una dieta adecuada, podrían ser consideradas parte de la estrategia contra la obesidad.